7 dic 2012

Capítulo 33. Perderse.


Perderse para encontrarse. Para saber quién eres. Para saber qué es lo que quieres.
Perderse, salirse del camino, hasta perder la razón, hasta mirarte en el espejo sin reconocerte ni a ti mismo. Deambular de aquí para allá, proyectando miradas que no reflejen más que el vacío de alguien que, aun teniéndolo todo, no tiene nada.
Perderse, en medio de la ciudad, rodeado de gente, en las calles anchas con luminosos que te invitan a comer, a transportarte, a bailar, a soñar. 
Perderse, sin ver la salida del laberinto que cada vez se hace más complejo, y cada vez baja más y más profundo. 
Perderse y tocar fondo.
Y entonces.
Salir.
Sin saber bien en qué dirección, pero con una guía, la de tu corazón, que al latir marca tus acciones, limitadas por el sesgo de tu cabeza quien te dice si debes hacerlo o no. Lastre innecesario para alcanzar lo que soñamos. Cárcel de pasiones impuesta por el mundo en el que vivimos. 
Pero no importa, porque ya sabes quién eres, o al menos te has encontrado un poco más, has mirado dentro de ti y te has planteado qué has estado haciendo con tu vida, y lo más importante, ¿cómo no habías hecho esto antes? 

Maldito el vacío generado por el “status quo”. 
Malditos los estudios en los que invertí mi tiempo por vocación, a los cuales ahora, no dedico ni un instante. Maldita la manera de auto-convencerme diciéndome: “llegarán tiempos mejores, donde pueda hacer lo que realmente quiera”. 
Maldita ausencia de valor que nos permita tomar las riendas de nuestra vida, sacrificando las comodidades de la sociedad consumista, para embarcarnos en la felicidad de hacer lo que queremos cuando queremos. 

Pero todo esto tiene solución, y comienza dentro de cada uno, con el re-encuentro entre tu vida y tus pasiones, de tu corazón y tu cabeza, de tu felicidad y tu cuerpo.
Mírate una vez más al espejo y tómate tu tiempo para saber quien es la persona que ahí se refleja. Cuando lo tengas claro, guarda ese recuerdo, procura no olvidarlo y llénate de valor para perseguir tus sueños.

Porque como ya he dicho antes...
La vida es sueño, y mi vida, mis sueños son. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario